viernes, 25 de agosto de 2017

La comunicación verdadera.

LA COMUNICACIÓN VERDADERA
Origen y búsqueda del significado.

Antes fue el arte de la creación que el de la destrucción
Maximilian de Zalce

A lo largo de la historia, los seres humanos hemos demostrado nuestra capacidad de creación extraordinariamente, cuyo impacto ha permanecido de forma significativa en nuestro avance. Sin embargo, tal lucidez nos ha conducido a un estado de acérrima quietud, donde hemos dado por hecho nuestros pasados logros, olvidando terriblemente su importancia esencial. Mi premisa abarca dos sencillos conceptos, que de una u otra forma, nos acompañarán en el desarrollo de esta idea: construcción y proyección.
El modelo más básico de comunicación sabemos que consta de un emisor y un receptor, los cuales codifican y decodifican mensajes a través de un canal específico, aunque este proceder ha evolucionado de muchas formas haciendo de la comunicación una disciplina compleja específicamente por su accionar social. La comunicación ha sido definida ampliamente por sus sabedores como “el estudio del mal entendido”, “el arte de poner en común”, incluso se ha tratado la temática de su nula existencia, debido a que adoptamos los mensajes de nuestro entorno como nos permitimos entenderlos, incapacitando así una auténtica unión, también llamada comunicación efectiva. Pero mi intención no es la de rememorar viejos modelos y definiciones, al menos no en ese sentido, puesto que mi ideal va más encaminado a lo que la comunicación debería ser en estos tiempos y en futuras generaciones.
Comenzaré este discurso con un ejemplo un tanto delicado, una novela que despertó mi humilde curiosidad con el título, ¿Absolución para Hitler?, realizada por Gerd Honsik y Herbert Scheweiger, donde presentan no menos que 37 testimonios que declaran que en el Nacional Socialismo, no hubo muertes por medio de cámaras de gas, pues éstas nunca existieron. Aquella fue para mí una afirmación bastante descabellada, pues era poner en duda varios años de historia universal meticulosamente reunida con el paso del tiempo, aunque cabe mencionar que el libro arrojó varios datos que me parecieron muy interesantes. Con esto no quiero decir que me encuentro a favor de la ideología de Hitler, así como tampoco creo que existe absolución posible, debido a que en una guerra los únicos inocentes son los muertos en el fuego cruzado. No obstante, sabiendo que no soy ningún experto en el tema de la Segunda Guerra Mundial, y sin importar cuantos años de estudio tengas en el tema, aún hay muchas cosas que jamás sabremos de la misma, pues una guerra de esa índole no sólo se refleja en el ámbito bélico, sino en el político, religioso, económico, incluso en la industria del entretenimiento social, que es donde nacieron muchos de los primeros superhéroes que permanecen hasta nuestros días. Ante esta interrogante, obviando evidentemente las complicaciones ideológicas que conlleva un tema así, cabe la pregunta, ¿podemos afirmar que conocemos, a ciencia cierta, nuestra historia?, ¿por qué aún hoy en día persiste esta confrontación con lo conocido?, ¿qué promueve este constante cuestionamiento?... ¿dónde culminó la creación y comenzó la destrucción?
Hace mucho tiempo, un sabio poeta rezó la palabra es poder. Dicha enseñanza me hizo reflexionar que el dominio de la comunicación, el proceso del comus vivendi, se ha estancado en una etapa de nula certeza, un periodo trágico donde el ahora se ha mantenido irreconciliable con sus auténticas raíces, lo que ha acarreado la poca comprensión de su herencia próxima, siendo ésta, ni más ni menos, que el lenguaje.
Aún hoy en día, con los amplios saberes en el campo lingüístico, es difícil incluso insinuar un común acuerdo sobre la interacción social, en cuanto a significados se refiere. Pero en mi muy humilde opinión puedo afirmar que el arte ha sido la espada invencible contra el ímpetu de la ignorancia y la inmediatez. Desde su construcción, y misma proyección, el arte conlleva tres elementos fundamentales: esencia, creación, y propósito. El arte es acción, es algo que nace, que vive, y que permanece a lo largo de la historia, algo que surge de tu interior, y que a partir de diversas enseñanzas lo construyes como un mensaje, el cual es lanzado al mundo con la intención de provocar determinadas emociones. Siendo algo con lo que puedes identificarte, de tal acto comunicativo surge un proceso de reflexión, y de ahí, el surgimiento de un cambio no solamente individual sino colectivo. De todas formas, debe entenderse que el arte conlleva dos cosas: realidad y verdad. ¿Cuál es la diferencia? Pues que la realidad es todo aquello que captamos con nuestros sentidos, todo aquello que conocemos y creemos conocer, todo aquello existente a nuestro alrededor; la verdad es aquello que alcanzamos o decidimos comprender de toda esa realidad, porque si bien no existe una verdad absoluta, si existe la verdad propia, por el simple hecho de ser individuos y tener una visión única del mundo.
Aunque la intención del autor en determinada obra esté bien definida, siempre existirá una libre interpretación de la misma, varias de ellas, y aquello es lo rico del arte pues engrandece su verdad esencial y las posibilidades que ofrece. Podría parecer que dicha libertad provoca la misma destrucción del significado, pero eso es totalmente absurdo por el simple hecho de que el arte implica un proceso de reflexión, y a su vez, un cambio en el individuo. La destrucción del significado está más encaminada a la inmediatez, el ímpetu, y la ignorancia con la que, en ocasiones, nos atrevemos a definir determinados conceptos de la vida, y esto proviene desde nuestra sociedad, nuestra educación, nuestra familia, y sin irnos muy lejos, de nuestros allegados más entrañables. Dicha imposición nos hace omitir este lado reflexivo de nuestra vida, así como este continuo cuestionamiento de nuestro entorno.
Cada palabra guarda su historia, cada palabra es un momento vivo que permanece a través del tiempo… ¿cuántas historias habrán caído en el olvido?, ¿cuánta riqueza ancestral se habrá esfumado? Obviamente existe un registro meticulosamente cuidado sobre la significación de tal o cual palabra, pero desgraciadamente no podemos reconocer con exactitud dichas pruebas por el simple hecho de que no estuvimos ahí realmente, siendo que la construcción y proyección de una palabra obedece a las circunstancias vívidas de un contexto determinado. Pero toda palabra conlleva un propósito, y así como el arte, puede tener en consecuencia muchas interpretaciones con el pasar de los años. ¿Qué puede enlazar tan diversas significaciones?, ¿debe existir tal enlace?, ¿no será la comprensión de todos esos significados lo que permitirá la comprensión con el prójimo?, ¿o acaso debemos permanecer ajenos a dicha posibilidad? Muchas son las interrogantes que aparecen ante este misterio, así como muchas pueden ser las respuestas ante tal enigma. La comunicación debería ser un acto de comprensión de lo desconocido, de lo otro, del misterioso mundo que representa el convivir con alguien más. Pero los procesos son tan variados, y el poder de la palabra tan volátil, que así como provocan la creación, también provocan la destrucción. Así una constante búsqueda, así el comienzo del viaje hacia la comunicación verdadera.

Los Amantes.

LA ERA DE LAS POSIBILIDADES
Presenta:

LOS AMANTES
Melodías de un eterno encuentro.

Dedicado a
Alicia Reyes Bernal

Mi Amada y Única Rosa.

.  .  .

1
El viaje del amor.

Nace el primer acorde de la realidad, delicado, apenas como un suspiro, en el más absoluto de los silencios. Más vibraciones le acompañan con solemnidad, alcanzando una explosión de sonidos tan diferentes los unos de los otros, mezclándose en una danza oculta y hermosa. Entonces surge la melodía del eterno encuentro.
Abrí mis ojos a un infinito de posibilidades, donde millones de universos acaban y comienzan en un vaivén magnífico y único. Me supe entonces sentado en la estrella de mis recuerdos perdidos, un conjunto de resplandores ya tenues por la adversidad y la amargura, pero vivos por una innata esperanza. Visualicé mis manos, sabiendo que no eran mis manos; sentí mi rostro, sin realmente sentirlo; y reconocí mis lágrimas, sin reconocer la razón de su presencia.
Al contemplar aquel espacio fértil, la melodía me pudo guiar hasta un imponente lucero, donde descansaba un ángel de sonrisa nostálgica. Su melodiosa voz no podía ocultar un dejo de tristeza, y la alusión de viajes perdidos por la constante búsqueda de una respuesta a sus silenciosas plegarias. Su hermosura parecía ser indescriptible en momentos, pero poseía rasgos que mi mortalidad podía comprender, tales como sus cabellos de oro, sus ojos de cielo y mar, su piel de suave marfil y unos labios de sonrosada inocencia; la figura de su cuerpo era una llamarada poderosa, desde la sensual punta de sus delicados pies hasta el brillo distinguible de su precioso cuello. Bendecida con todas las cualidades de una diosa viviente, quien miraba al vacío sin detener sus melodías. Esa visión me hizo estremecer a tal punto, que mis lágrimas se derramaron por la infinidad del cosmos, haciendo que la mirada del ángel se posara sobre mí con sencillez, y sentí con delicia cómo sus ojos veían con ternura la desnudez de mi alma, así como el ferviente amor que empezaba a sentir por ella. Sus mejillas parecieron iluminarse de un momento a otro ante este sentimiento, y una sonrisa se asomó en sus exquisitos labios, dándome a entender que correspondía mi sentir. ¿Cómo podría ser posible que un simple humano pudiera ganarse la atención y el afecto de ser tan divino?, ¿cómo dos almas podían amarse sin emitir palabra alguna entre ellas?... ¿era acaso este amor, algo capaz de trascender todas las realidades? Aquel primer encuentro surgió a través de una melodía, misma que siguió sonando hasta su inevitable fin.

Abrí los ojos una vez más.

Las primeras sensaciones que me invadieron fueron el cansancio y el dolor, debido a la mala postura que adopté al haberme quedado dormido sobre el escritorio. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa al sentir rastros de lágrimas por mis mejillas, y un corazón que no paraba de latir con desenfreno. Pero definitivamente lo que me pareció más inusual fue el ver mi mano sosteniendo un lápiz, y descubrir que con él había escrito varios párrafos sobre una hoja de papel. Decidí leer aquello, y poco me bastó para comprender que esas palabras describían perfectamente el sueño que había acabado de tener. Recordé al ángel que me había mirado, y por muy ridículo que fuera, me hizo sentir una enorme felicidad. Rememoré la melodía dentro de mi cabeza varias veces, hasta el punto de volver a sentir la caricia del sueño. Me dispuse a cerrar los ojos y dar un último viaje a aquel reino fantástico, con la esperanza de sentir otra vez aquel maravilloso encuentro. Pero algo muy dentro de mí me decía que el auténtico viaje apenas comenzaba.

Maximilian de Zalce.

jueves, 29 de junio de 2017

Amor y Vida.

   AMOR 

Y
                                                               VIDA
MIS PENSARES EN EL TEATRO.

No existe en este mundo verdad más fructífera que el silencio. En ocasiones contemplamos la vida con estas enseñanzas, y somos capaces de transmitir las palabras de nuestro espíritu ya sea con un gesto, un suspiro, incluso una insignificante lágrima. Es de ese silencio del que nacen mis siguientes palabras, en las que es mi intención plasmar, de muchas formas, mis recientes experiencias como actor, como artista, y como ser humano.
Me recuerdo al inicio de esta jornada, siete momentos extraordinarios en el horizonte, la dicha y la emoción de pisar el escenario una y otra vez, la frustración de las derrotas y el gozo de las victorias, todos recuerdos que quedarán en mí hasta el día de mi muerte, y que ahora me tomo unos pequeños instantes de mi vida para reflexionar lo sucedido. He cambiado, sin lugar a dudas, ¿y cómo no hacerlo, ante la historia que representábamos? Por lo regular ese es el efecto que producen las historias de amor, las buenas historias de amor: un cambio, un pensamiento, un instante importante en ti. Desde sus inicios, he tenido que enfrentarme a esta representación teatral en diferentes etapas de mi vida, en tiempos de felicidad, en tiempos de tristeza, en tiempos de ruptura, de resurrección y verdad. Una y otra vez he decidido regresar a esta puesta en escena, encontrando nuevas cosas no sólo con respecto a mi personaje o al de mis compañeros, sino quién soy y lo que hago. Y aún más importante, cómo vislumbraba las cosas a mi alrededor.
El amor es un sentimiento extraordinario, poderoso e infinito, que me ha regalado experiencias únicas, así como a cualquier persona en este mundo. Así como tal, mi percepción es única, aunque eso no quiere decir que sea inmutable, o la considere por encima del prójimo. El teatro, a través del momento histórico que vive nuestra compañía, me ha permitido descubrir nuevas fronteras de mí mismo, así como la construcción de una metodología actoral en cuanto al enfoque de un objetivo, nuestro único objetivo. Y prueba fehaciente de ello fue la última presentación realizada el 24 de Junio del 2017, día en que volví a nacer. Además, cabe agregarlo, me permitió concientizar varias cosas que ya había pensado sobre el amor en sí.
¿Qué es el amor? Es cambio, es victoria, es verdad…pero también es sufrimiento, es fracaso…y es silencio. Por ende, el amor es vida, misma que me permite seguir con libertad mi búsqueda. Oh, ¿no lo había mencionado? Soy un buscador de momentos, y aún tengo muchísimos que vivir, ya sea solo…o al lado de los seres que amo.
La humanidad cambia a una velocidad impresionante, y nuevos horizontes nos revelan caminos que jamás imaginamos con anterioridad. Las victorias y derrotas venideras se definirán por lo que hagamos o dejemos de hacer a su debido tiempo, y por ello mismo, nunca hay que dejar de lado el gran propósito que tenemos, mismo que hemos logrado al llegar a los corazones de tantas almas con nuestra historia. Así entonces, sigamos amando, sigamos viviendo…y sigamos buscando más verdades en este mundo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

La historia interminable.


¿Qué sería del ser humano sin su incansable afán de contar historias? Ya había mencionado en anteriores escritos que la fantasía se ha consolidado como mi género favorito en cuestiones literarias, e incluso en otros ámbitos de inventiva e imaginación. Desde los inicios del ser, éste se ha comprendido a través de lenguajes fantásticos, provocando el nacimiento de tantas y tantas figuras que prevalecen hasta nuestros tiempos. Como accionar del soñador, la fantasía es una realidad transmutable e infinita. Es por ello que las maravillas del mundo son una mera traducción de las maravillas de la mente humana, pues en ella persisten nuestras más fervientes pasiones y esperanzas, así como nuestros más profundos miedos y rencores. Me gusta pensar que eso es Fantasía, pues es un lugar tan viejo como el tiempo y tan vasto como el alma, y por lo mismo, contiene todas las realidades y dimensiones que nos conforman a través de dragones sin alas, torres de marfil, ciudades de plata, desiertos de colores llameantes, entre muchas otras cosas. Fantasía es un mar de significados, hogar de numerosos personajes, y por supuesto, un sinfín de aventuras. Y por eso he decidido expresarme debidamente sobre la novela que ha marcado tan profundamente mi forma de ser.
La Historia Interminable cuenta las hazañas de Bastián Baltazar Bux, un niño introvertido con aires de cuentista, quien al haber sido perseguido por sus compañeros de clase, fue a parar a la librería de Karl Konrad Koreander, en donde se encontró con un libro peculiar, diferente a todo lo antes visto. Casi parecía que el libro le había llamado…

“Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, pueden explicar realmente porqué. Otros se arruinan para conquistar el amor de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa…o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay. La pasión de Bastián Baltazar Bux eran los libros”.

Decidido reclamó el libro para sí, llevándoselo al viejo desván de su escuela donde podría leerlo sin interrupciones, por lo que comenzó a conocer la maravillosa historia sobre el Reino de Fantasía.
Aquel sitio mágico se encuentra en grave peligro, pues un terrible y misterioso mal ha azotado las fronteras de aquellas tierras: La nada. Para eso, varios habitantes de varios rincones del mundo prodigioso se han reunido para pedir ayuda a la Emperatriz Infantil, quien a su vez ha dado el decreto de la salvación, la búsqueda de alguien capaz de portar el Áuryn, y resolver aquel extraño mal que amenaza con acabarlo todo.
Para ello es reclutado Atreyu, un habitante de los hombres de hierba o pieles verdes, para que este sea el encargado de la Gran Búsqueda, capaz de encontrar un remedio al malestar de la Emperatriz, y salvar a Fantasía y a sus habitantes. De esa forma, el Piel Verde, se dirige hacia donde está la Vetusta Morla, quien le dice que la única forma de salvar a la Emperatriz, es que alguien le pueda otorgar un nuevo nombre, un ser que no sea de Fantasía. De esa forma, Atreyu va en busca de Uyulala, la voz del silencio, quien le dice que el único ser capaz de darle un nombre a la Emperatriz, es un ser humano, siendo que Fantasía está unido a la voluntad y anhelos del mundo real.
A partir de ahí, la gran búsqueda se torna al gran encuentro con Bastián Baltazar Bux, el ser humano capaz de otorgarle a la Emperatriz Infantil un nuevo nombre, siendo el héroe salvador de toda Fantasía. Aquel es el punto donde el joven se adentra al reino prodigioso, encontrándose con varios lugares durante su travesía, pero aquella impresión lo hace pedir varios deseos al Áuryn, lo que le hace perder poco a poco sus recuerdos del mundo real. Aquello es una bella metáfora de cómo nuestros sueños, anhelos y fantasías también pueden segarnos, hasta provocar nuestra propia perdición.
“Haz lo que quieras”, el rezo que aparece en la Alhaja, se entiende no cómo un exceso sino como un deber, pues es Bastián el elegido por la Emperatriz quien se va corrompiendo lentamente hasta caer en la más profunda obscuridad, siendo éste el único sitio donde puede encontrar su esencia y sus auténticos deseos, los mismos que lo volvieron el salvador que alguna vez fue, aniquilando así su soberbia, y creando el equilibrio para ambos mundos. Su preparación final como un creador de historias.
La presente novela es una narración maravillosa que nos lleva de la mano por diferentes sitios, presentándonos a una cantidad increíble de personajes tanto majestuosos como aterradores, aquellos que literalmente son el reflejo del mundo humano en sus tiempos más difíciles, y el peligro real que significa para todos el perder toda esperanza por nuestros sueños. Así como la hazaña extraordinaria de volverlos realidad.

Maximilian de Zalce.

Esclavos de la obscuridad.


He aquí una novela de suspenso por excelencia, prodigiosamente construida hasta el más mínimo detalle, y de la cual estaba ansioso por expresarme en este espacio. La presente historia nos relata un viaje entre el mundo cotidiano y la fe sobrenatural, donde un solo hombre quedará atrapado en la lucha entre la luz y las tinieblas, descubriendo el auténtico rostro de su opositor.
No soy un especial conocedor de los relatos policiales, mucho menos de los que involucren los temas de religión desde varias perspectivas, así como tampoco conozco muchas obras del presente autor, pero debo decir que me sentí impresionado por una historia tan alucinante, en los que se ven reflejados tantos aspectos de nuestra propia humanidad, ya sea la protección o la destrucción de nuestro propio espíritu. Aviso que hay spoilers a continuación.
Mathieu Durey, inspector de la Brigada Criminal, se ve envuelto en el caso más desafiante de su vida, pues el aparente suicidio de su gran camarada, Luc Soubeyras, le hace querer investigar sus motivaciones, provocando que conozca algunas facetas de su mejor amigo que no conocía hasta ese momento. Y lo peor, es que sus averiguaciones apuntan a que su casi hermano se hallaba envuelto en una especie de obsesión por la maldad, una fascinación casi enfermiza por todas sus formas, lo que le hace dudar si realmente conocía a su compañero Luc. Aquello le hará investigar más a fondo el asunto, hasta que al atar algunos cabos sueltos, lo lleven al mismísimo Vaticano, donde descubre la existencia de unos individuos distintos a los demás, aquellos que han contemplado las tinieblas luego de haber atisbado a la misma muerte, una serie de casos a los que se les denomina como Los Sin Luz.
El asunto se torna más agobiante cuando una serie de asesinatos se da a conocer, y el modus operandi desconcierta incluso a los más experimentados, siendo que las víctimas son torturadas induciéndoles el proceso de la muerte, pudriendo sus cuerpos hasta la locura. Todo en nombre del maligno, una declaración de guerra contra la hueste celestial.
Los peones del diablo se mueven entre las sombras, mientras los fieles justicieros de la iglesia tratan de llegar al fondo del asunto, pues aparentemente cada uno de esos siervos diabólicos fue inducido a ser un Sin Luz, vivir la muerte para encontrarse con Satanás en el infierno, y volver al mundo de los vivos para esparcir su palabra. Alguien estaba creando asesinos que pronto se extenderían por la nación, a menos que Mathieu llegara al fondo del asunto.
A través de la decadencia, el apocalipsis se desata en formas inimaginables, y los rostros del pasado se tornan más esquivos a la hora de ejercer la justicia divina. Luc Soubeyras despierta, aparentemente realizado por haber visto algo en el velo de la muerte. Menciona que ha visto al diablo.
Luc se proclama como el autor de la obscuridad, quien ha estado jalando de los hilos todo el tiempo para esparcir la palabra del opositor. Con destreza, el representante del demonio construye la prueba final para su enemigo, el último escenario donde se vería el desenlace entre estas grandes fuerzas de la naturaleza. Las memorias traen a la mente del Inspector los momentos que compartió al lado de quien creía su gran amigo, aquel con quien decidió luchar por la justicia y enfrentarse a todas las formas del mal. ¿Cómo nunca notó que él ya estaba corrompido?, ¿cómo nunca se percató de las incesantes tinieblas en su mirada?
Hasta este punto el libro maneja excelentemente todos los detalles de una investigación policiaca, sumada a la descripción del lugar haciendo de ésta una narración bastante disfrutable. El personaje de Luc Soubeyras pasó a ser uno de mis favoritos, pues su ingenio y completa indiferencia por la vida humana, lo hacen simbólicamente el antagonista idóneo de esta obra del suspenso, sin mencionar que nos regala el enigma de si la novela realmente tuvo algún indicio sobrenatural.

“Si ha habido un verdadero Sin Luz en este caso, ha sido Luc. No ha inventado nada. Sus actos correspondían a órdenes de una entidad superior. No hemos encontrado al diablo pero sí su sombra proyectada, a través de Luc”.

De cualquier forma, la novela no sólo nos regala la analogía de un conflicto milenario, sino que explora el potencial que existe en todos nosotros por cometer los actos más terribles, así como la proclamación de una fe auténtica en los momentos más sombríos. Mathieu Durey, el héroe de esta historia, se comprende en un mundo bastante complicado, donde tiene que lidiar día a día con lo peor de la humanidad, volviéndose cada vez más insensible y perdiendo total esperanza en lo que antes creía. Pero esos conocimientos lo vuelven fuerte, es la esencia que lo transforma en un protector, y aunque se debate constantemente entre la salvación absoluta y un abismo sin fondo, este madero con coraje es la parte decisiva en todos nosotros de seguir a través del valle de la muerte, y construir la luz que guiaría al mundo a un nuevo mañana.

Maximilian de Zalce.

El Ocho.


“El ajedrez es la vida”

Así inicia una apasionante anécdota de suspenso, donde los pasajes de la historia nos cuentan entrelíneas, la existencia de un objeto con un poder milenario, cuyo intrincado diseño conserva la clave de la infinidad y la gracia divina. De entre muchas novelas que he tenido la oportunidad de leer, ésta es una donde su sola construcción me parece excelentemente llevada, y todos los personajes que se incluyen están justificados de principio a fin. Como todo buen juego de ajedrez (y quiero aclarar que no soy ningún experto) todo se deriva de una estrategia sólida, y la voluntad de llevarla a cabo en cada singular movimiento. Sin embargo, aquello no nos rescata del azar y lo desconocido, aquel terreno de inventiva que nos puede sorprender con pasadizos inesperados, y creo que no hay mejor manera de describir a este libro.
Todo comienza en la abadía de Montglane, ubicada en la Francia de 1790, durante la “la primavera sangrienta”, denominada así por los cerezos que habían florecido temprano, mucho antes de que se derritieran las nieves de las altas cumbres. Aquí conocemos a Valentine y Mireille, dos hermanas cuya inocencia las hace ignorantes del destino que pronto se les encomendará, pues las monjas de la abadía se congregan para dar un aviso urgente. El discurso poco a poco se vuelve una historia que transcurre en los tiempos de Carlomagno, en donde se describe con especial atención un tablero de ajedrez, el cual se dice que es de un valor incalculable, no por su calidad artesanal o la sustancia de sus piezas, sino por el enorme misterio que posee en su interior.
La abadesa concluye esa historia afirmando que el tablero existe, y que yace escondido en la abadía. Siendo que distintos personajes buscan hacerse con él, a las monjas les pareció que lo mejor sería llevarlo a otro sitio para que no cayera en manos equivocadas. De esa forma, el enorme tablero, así como sus piezas, son distribuidos entre diversas encargadas cuya misión será permanecer en el anonimato hasta que todo esto termine. Valentine y Mireille no tienen más opción que abandonar la abadía, a sus hermanas, a la mujer que fue como una madre para ellas, y embarcarse en una terrible aventura de codicia y asesinato.
La novela nos transporta a un tiempo más conocido, la nochevieja de 1972 en Nueva York, donde conocemos a nuestra querida Catherine, experta en ordenadores, cuyo espíritu tenaz le impide cometer una corrupción dentro de la empresa donde trabajaba, lo que le acarrea un problema serio con sus superiores, quienes deciden enviarla fuera del país. Tratando de distraerse del tema, decide acudir a una breve celebración organizada por unos cuantos de sus amigos, en donde no sólo conocerá la leyenda del ajedrez milenario, sino a una pitonisa que adivinará su posible futuro con respecto a ese artefacto.
La novela comienza a manifestar lo que sucedió en el pasado y lo que sucede en el presente, siguiendo las peripecias de las hermanas Valentine y Mireille durante la revolución francesa, el cómo algunos personajes históricos como Napoleón o Catalina la Grande buscan hacerse con el ajedrez de Montglane; y en cuanto a Catherine, poco a poco se dará cuenta que la búsqueda de aquel objeto aún persiste, y diversos jugadores fungen en los bandos de las piezas blancas y las piezas negras, eliminándose con lentitud hasta alcanzar su objetivo.
Como un juego de ajedrez, cada personaje va cumpliendo el objetivo de su travesía, siendo la precisión matemática y el ingenio las únicas herramientas con las que cuenta cada peón para encarar el peligro. Y como el presente juego ya lo ha sugerido, siempre existen dos lados que se debaten constantemente por la victoria y la sumisión de sus oponentes, pero lo que realmente impresiona es quienes resultan ser los soldados de la luz y los caballeros de la obscuridad.

Maximilian de Zalce.

La isla del tesoro.


[…] Hace un siglo aproximadamente, allá por los años en que vivió Robert L. Stevenson, la fantasía, el afán por la aventura, por ir un poco más allá de lo desconocido, aún podía saciarse a ras de tierra, aún no apuntaba, como hoy, hacia las estrellas […]
[…] Cuando el arte, y en él la novela, es sobre todo un desafío al lector y muchas veces un oscuro jeroglífico a descifrar o interpretar, y las historias para jóvenes relatos interminables de violencia, La isla del Tesoro puede llevar a unos y otros hasta un mundo distinto de aventura, aquí abajo en la Tierra, más no por ello menos generoso, porque la mejor fantasía del hombre, adondequiera que vaya, cualquiera que sea su edad, está dentro de sí, en su capacidad de imaginar a través de su arte, su corazón y su inteligencia […]

Antes de abordar propiamente los simbolismos encontrados dentro de esta historia, debo aclarar que mi interés por la presente novela nació a partir de mi infancia con la película del año 2002, El planeta del tesoro, la cual es mi favorita dentro de todos los largometrajes animados producidos por Disney. Es por ello que mi curiosidad me trajo como un navegante primerizo a estas aguas literarias, introduciéndome en una modesta pero apasionante aventura sobre un grupo de intrépidos navegantes, quienes se enfrentan con heroísmo a una horda de sádicos piratas, en la búsqueda de un gran tesoro.
La travesía comienza con Jim Hawkins, un muchacho que junto a sus padres trabaja en la posada del Almirante Benbow, donde reciben a un misterioso personaje conocido como Billy Bones, cuya única pertenencia, un viejo y oxidado cofre, despierta cierta inquietud hacia lo desconocido. Sin pasar mucho tiempo, otro visitante surge de las tinieblas, un pirata ciego que buscaba la única pertenencia de Billy Bones, siendo emisario de una gran horda de rufianes que destruirían el lugar si no se les era entregado el cofre. Sin embargo, cuando el viejo navegante muere en la posada, Jim junto a su madre deciden inspeccionar sus últimas posesiones, encontrando así un mapa y un diario de navegación, lo que directamente lanzaría a Jim a los mares de la aventura, con el objetivo de encontrar la mencionada isla.
A partir de este punto hay tres elementos muy importantes que van definiendo al personaje de Jim como el destinado para esta gran empresa. El primero, el más obvio de todos, es la llegada de Billy Bones, llevando su misterioso cofre, siendo éste el objeto catalizador que altera el mundo normal de nuestros protagonistas; el segundo es la muerte del padre de Jim, donde el joven sufre la pérdida de la figura paternal, siendo esto un tránsito hacia su propia madurez; y finalmente, la decisión que lo lleva a tomar el mapa entre sus manos y embarcarse en la cruzada por el tesoro del capitán Flint.
Es entonces donde se nos presenta a uno de los personajes más memorables de toda esta aventura, desgraciadamente sin partes mecánicas en su cuerpo, el legendario John Silver, el bribón más intrépido de todos los mares. Cuando Jim Hawkins, junto con el doctor Livesey, hacen los preparativos del viaje, la tripulación viene siendo un grupo de piratas con la intención de apoderarse del tesoro.
Jim descubre con buen tiempo la conspiración de los piratas, haciendo que las cosas se salieran de control una vez llegados a la isla, separándose en bandos dispuestos a matarse entre sí. Aquello me hace pensar en cómo la historia funge como un ente vivo, en representación al ser humano, debido a que los personajes que se batieron en esos fragmentos de la novela, simbolizan nuestras diversas pulsiones, aquellas que nos permiten aferrarnos a nuestros principios o las que nos hacen sucumbir a la codicia y al salvajismo.
Pero incluso la novela nos regala la complejidad potencial de los personajes, tal es el caso de John Silver, quien decide pactar con Jim para salvar ambos bandos y terminar con la matanza. Podemos resaltar ampliamente su cobardía en varios momentos de la historia, pero igual hay ciertos dejos de bondad en el personaje que nos enseñan que incluso el más terrible rufián puede tener cierto sentido del honor cuando se ve correspondido.

“Escúchame, James Hawkins. Tienes la fuerza de tu grandeza, pero tienes que tomar el timón y decidir tu propio curso. Síguelo, no importa que duela. Y cuando el tiempo venga a decirte que tienes que izar las velas y ser todo un hombre, yo…espero estar ahí, recibiendo algo de la luz que emitas ese día”.

John Silver.
El planeta del tesoro.

La novela, en últimas instancias, aunque en ocasiones podría parecerme pesada la constante descripción que hace de los personajes involucrados, es rica en contenido, lo que da realce a toda la travesía página tras página. El ofrecimiento de tantos datos provoca una narrativa más fluida y que otorga más atención a todos los detalles durante el transcurso de la historia.
Puedo igual resaltar al personaje de Jim Hawkins como la figura del héroe soñador, un aventurero que se enfrenta a la adversidad sin desearlo, cuyo ingenio y habilidad le permiten salir avante en cada prueba. Un tema a resaltar es igualmente la valentía de este muchacho ante situaciones tan difíciles, pero que toma la iniciativa de encontrar una solución, desafiando abiertamente el peligro. Esta esencia es el núcleo del personaje, y aunque en un principio sólo parecía un muchacho de posada, poco a poco se ve cómo se adapta a la situación, haciendo brillar toda la fuerza de su grandeza.

Maximilian de Zalce.

Los soliloquios de un Guardián.

LOS SOLILOQUIOS DEL GUARDIÁN
El sueño que se hizo historia,
Y la historia que se volvió un comienzo.

1
UNA ÉPOCA EXTRAORDINARIA

El Guardián contempla su legado…

El son del atardecer me envuelve, y cual apasionado buscador observo millones de mundos tan vivos y tan reales, cuyas mareas de batalla y aventura me llaman con avidez, a la creación; resuena poderoso el canto de los héroes, una infancia compartida por hermanos y hermanas de distintos orígenes, ayeres de travesía y misterio hacia un nuevo rumbo. Así inició la primera historia, el auténtico origen de mis andanzas. En aquel día, un camino terminó, para empezar otro.

La vida es la incansable búsqueda y el eterno encuentro del significado de la verdad. La vida consiste en todo lo que conocemos y todo lo que nos ha formado, aquel territorio familiar e inherente a los primeros momentos de nuestra existencia, que se van reconstruyendo a medida que vamos superando obstáculos y conociendo diversos personajes que alteran y/o cambian nuestra forma de pensar. Pero a pesar de las momentáneas maravillas que nos pueden ofrecer los objetos más allegados a nuestro espíritu, siempre permanece una inequívoca sensación de curiosidad con respecto a nuevos horizontes; nos nace el preguntarnos si existe algo más profundo de lo conocido, si existen realidades diferentes a las acostumbradas. Pasamos incontables años tratando de saciar aquel sentimiento, siempre en la espera de realizar la hazaña que te haga sentir la libertad merecida. Y ese encuentro es real, existe, siempre nos sucede aquel instante donde todo nuestro interior se dirige a un punto, el encuentro con la esencia prima de tu existencia. El mundo adquiere entonces muchos otros sentidos, pues llega a ti la comprensión de una verdad única, aquel detalle que hasta entonces te era desconocido, pero que se ha revelado ante ti, y acompañarte por siempre.
Cada proceso es distinto, como cada persona posee tantos matices, que en ocasiones llegan a ser ignorados debido a nuestra falta de imaginación, y sobre todo, de empatía. Somos tan profundos y cambiantes que la sola revelación de una verdad arroja luz sobre muchas otras dimensiones que son parte de nuestra ser, y que cada una conlleva una relación tanto de declive como de ascenso.
Y la verdad es como el atardecer, un renacimiento, una decisión, un instante infinito, que establece las fronteras entre el ayer y el mañana, el pasado y el futuro, el ahora con el porvenir lejano. Así me he sentido, pues he encontrado mi momento, mi esencia, y mi verdad.

El Guardián contempla su legado

Por última vez.

Pues el Guardián…ha muerto.


Y una nueva era ha nacido

jueves, 20 de abril de 2017

La vida teatral.

LA ERA DE LAS POSIBILIDADES
Presenta:

LA VIDA TEATRAL
El arte de contar historias

Por
Maximilian de Zalce.

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“Los dioses habíanme otorgado casi todos sus dones: poseía el genio, un nombre ilustre, una elevada posición social, la fama, el esplendor, la audacia intelectual. Yo he hecho del arte una filosofía y de la filosofía un arte; yo he enseñado a los hombres a pensar de otra forma y he dado otro color a las cosas. Cuanto yo decía o hacía asombraba a las gentes. Me apoderé del drama, la forma más objetiva que se conoce del arte, y lo convertí en un medio de expresión tan personal como una poesía lírica o un soneto, y al mismo tiempo amplié su campo de acción y lo enriquecí en su psicología. Drama, novela, poesía en prosa y poesía en verso, diálogo espiritual o fantástico, cuanto yo toqué lo revestí de una belleza nueva. E incluso a la verdad le impuse el artificio y le di su carácter natural e hice de ambos su imperio legítimo. Y mostré que la verdad y el artificio son únicamente unos aspectos intelectuales”.

Oscar Wilde.

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Desde sus orígenes se ha consolidado como una de las manifestaciones artísticas más monumentales de la conciencia humana, una travesía de conocimientos tan prolíficos y avasallantes que hasta la fecha sigue asombrando al mundo entero con sus hazañas. El teatro es vida. Y como tal, ha sido la raíz de momentos gloriosos en la historia que nos contempla.
La noción de lo extraordinario se traduce a través de sus héroes, y toda disciplina que ejerza un acto comunicativo tan indispensable se debe a la multi-dimensionalidad de sus actores que prestan su energía al suceso teatral. Dicha suma de voluntades permite la proyección de historias que merecen ser contadas, y es por ello que en esta ocasión compartiremos algunas dignas de mencionarse.
Cuando me inicié en esta maravillosa búsqueda, me encontré con unas palabras que llamaron poderosamente mi atención:

Es cuestión a debatir. Y, por tanto, interesante en su arista polémica. He aquí sus enunciados: El teatro leído resta interés a la fábula. ¿Puede suplir la lectura de una obra a su directa contemplación escénica? No intentaré suscitar el aspecto económico de la cuestión. Ahí no habrá acuerdo posible.
Hay quien cree que el lector de una obra de teatro, en general, es un espectador perdido. Otros opinan que la lectura de una comedia encamina al lector hacia el teatro, deseoso de contrastar su personal visión del asunto con la entonación dialéctica del actor; interesado por ver cobrar vida ante si a aquellas criaturas que él imaginara en su vigilia de lector. Y es que cada lectura de una obra dramática, al margen de toda acotación, vislumbramos un mundo escénico propio, adoptamos ante la obra una actitud personal, interpretativa.
Leer teatro exige una actitud mental favorable. Hay que sentirse partícipe de una emoción estética muy distinta, por ser más libre y creadora en sí, de la que sentimos frente al escenario iluminado, dispuesto para recrear las criaturas del drama. Es resolver en nuestra propia intimidad como diría André Villiers, todo un “problema de participación y comunión”. Muy parecido problema, en el ámbito intelectual menos exigente, puede derivarse de la ausencia de grandes auditorios en una representación minoritaria o en un simple ensayo, cuando el asistente ha de replegarse sobre sí mismo, fundirse con la llama viva que es siempre la presencia del actor.
Sería ésta una actitud mental equidistante de la representación normal y de la lectura de una obra dramática. Un tránsito, por el sendero de la confidencia, entre la conciencia colectiva que insensiblemente se forma en todo graderío y la recogida, personal, creadora intimidad del lector obligado a interpretar la obra para sí, a recrearla él también en su imaginación.
A través de estas consideraciones podemos deducir el rango intelectual del hombre al que gusta leer teatro, siempre favorable a toda recogida actitud, devota y sensible actitud de oficiante. Para bien del Teatro este hombre existe.

El teatro consta de mundos, posibilidades, la realidad en el corazón humano y la ficción que retrata los anhelos de nuestro interior. Una vez se preguntó: ¿qué es el teatro?, ¿ficción o realidad? Y el poeta respondió: “A través del arte, vives todas las vidas que quieres vivir”. Por ello, el teatro implica trabajo, talento, pero más importante aún, implica propósito. De este arte no se puede subestimar su valor holístico, la unificación de tus dones, todos encaminados a la virtud de la creación. Y en honor a ello, comenzaremos esta magnífica travesía.

6
AMOR

“MARRAMIAU”
Comedia en tres actos
por
Edgar Neville.

“Pero ya nada me retiene aquí, ya sabes cómo fui creada. El amor, la primavera y la luna llena, se pusieron de acuerdo para hacer de mí una mujer, pero la luna se va marchando y tu amor también. (Desesperada) Estoy perdiendo pie, sin amor volveré a ser un animalito. Todo el mundo se convierte en un animal si no tiene amor”.

Iniciamos con un romance que prevalece a través del tiempo, una historia de búsqueda y perdición que con lentitud nos conduce a los terrenos de la magia y la lealtad. Esta obra es precisamente la encarnación de un ideal que persiste sin importar las épocas hasta el reencuentro de unos únicos instantes con el ser amado.
Jorge Merlin, un escritor desconocido con anhelos de libertad, una noche es bendecido por los misterios del pasado, y mágicamente su gatita Ofelia se transforma en una mujer humana. Ahora éste deberá conocer sus raíces que lo llevaron a vivir ese antiguo romance, y tomar la última oportunidad de conocer el amor verdadero, aunque dicha noción puede presentarse de las formas más inesperadas.

5
VERDAD

“EL AJEDREZ DEL DIABLO”
Comedia en un acto y en prosa
por
Joaquín Calvo Sotelo.

“Es menester morirse…, provisionalmente, para poder distinguir el oro puro del mal dorado…”

“La verdad nos hará libres”, así reza aquella máxima, y esta historia conlleva ese gran esplendor, pues esa es la premisa central de esta breve comedia.
Don Augusto, un hombre entrado en años posee una vida pacífica al lado de sus seres queridos, pero la visita de un misterioso Señor Gómez, le hará comprender que no todo es lo que parece, puesto que una intrépida jugarreta le permitirá descubrir los auténticos rostros de sus allegados, y cómo cada pieza del tablero va cayendo precisamente en su lugar hasta su inevitable remate.

4
FE

“LA CIUDAD SIN DIOS”
Apuntes para una leyenda dramática, en un prólogo, cinco cuadros y un epílogo, con un solo intermedio
por
Joaquín Calvo Sotelo.

“No, quizás no son estos tiempos de milagros. El milagro necesita de la fe, como el trueno de la electricidad. Pero yo pienso que, desde que el mundo es mundo, alguna vez quien lo creó, sea quien sea, habrá querido hacerse presente a los hombres. Y para eso habrá tenido que servirse de los milagros. Y, desde luego, si algún enviado de Dios pisó alguna vez sobre la tierra, ése, no lo dude, habrá hecho milagros”.

Esta vez nos encontramos con la complejidad de un mundo alterno pero a la vez próximo y reconocible para nuestra época. ¿Cuál es el fin de los ideales?, ¿dónde la muerte de las nociones, de los llamados? Aquí los vestigios de una leyenda sublime, una auténtica lucha entre la iluminación y el abismo, la liberación y la perdición en un escenario.
Conocemos a Nicolai Nordson, actor dramático desconocido por el mundo, quien vive una realidad donde las nociones divinas han expirado ante la ambición humana. En búsqueda de mantener bajo control a las personas, el Estado encarga una pequeña experimentación social sobre el mítico pueblo de Welskoye, en donde Nicolai interpretará de manera vívida el papel de un profeta para compartir a millones de oyentes la palabra de Dios; sin embargo, cuál será el destino de este viajero cuando la realidad y la ficción se entrecrucen en nuevas preguntas que le harán cuestionarse sobre su entorno y sobre sí mismo. Una bellísima analogía de meta-ficción sobre el poder de los ideales y el cambio de la naturaleza con respecto al llamado de lo prodigioso.

3
FANTASÍA

“UNA TAL DULCINEA”
Juego en dos partes
por
Alfonso Paso.

“Tal vez. Pero si está loco, su locura es mejor que la mía. Ha vivido un cuento, una escena que cualquier ser normal hubiera descubierto a los diez minutos, sin advertir que era un juego o sin querer advertirlo”.

A veces la constante contemplación del mundo nos puede devolver la mirada a un universo de maravillas indecibles e inacabables, más cuando el soñador posee la firmeza de ver al mundo por primera vez a cada paso. Nos lanzamos a la aventura con corazón y valentía, sin saber que nuestras hazañas pueden inspirar futuras generaciones de caballeros que lucharían por ver cumplido el mundo que anhelaron desde pequeños. Así el fiel Don Quijote, cuya leyenda sobrevive hasta nuestros tiempos.
Juan de Figueroa vive en un mundo moderno que no reconoce como suyo, y son las alucinaciones provocados por el retrato de una tal Dulcinea del Toboso los que parecen despertar un antiguo hechizo en la torre donde se hospeda al lado de su esposa. El pasado y el presente danzan en momentos, y la llama de la aventura se encenderá en su alma, siendo seguido por su fiel escudero Enrique, en la búsqueda de su amor imposible. Y aunque la fantasía nos dibuje mundos desconocidos, el final de nuestro viaje nos presenta las mismas tierras que nos vieron nacer.

2
DOLOR

“EL PROCESO DE OSCAR WILDE”
Comedia en tres actos
por
Mauricio Rostand.

Aquel que en la nada lo encontró todo, un artista que descubrió las virtudes del sufrimiento, un ser que fungió como el ángel caído que asciende. Una magnífica obra donde se nos presentan brevemente los acontecimientos que encaminaron a Oscar Wilde hacia su último juicio, y eventualmente a su encarcelamiento. En esta puesta escénica no sólo conocemos las vivencias del dramaturgo, sino también las decisiones que lo llevaron a su transformación definitiva, y cómo mantuvo su luz contra toda obscuridad.

Hemos llegado a un punto crucial, donde los caminos bendicen la llegada de una obra espléndida. No debería sorprenderles el que decida concluir con esta historia, pues el teatro auténtico, la vida teatral que he proclamado desde el inicio de este viaje, es aquel que se vive y que se comparte al mundo. Es para mí un gran orgullo el ser un miembro de la Compañía Teatral Orchestra Artes Escénicas, y ser partícipe de nuestra más reciente historia.

1

LA CULPA LA TIENE CYRANO
ó
de flores marchistas y lluvias aisladas
Comedia magnífica
por
David Árneth Cohen.


Un actor treintañero, quien interpreta al Cyrano, se une a otros tantos enfermos de amor para conformar, lo que ellos denominan “la orden de la última rosa”, grupo de autoayuda dirigido por la Madre Vale.

Aquella premisa es el comienzo de una formidable cruzada de un grupo de actores que se entregaron en cuerpo y alma para mantener vivo el eterno resplandor del teatro. Bien lo dijo Wilfrido Momox en el Noveno Rally de Teatro Independiente: El teatro no debe morir. Y las grandes historias son las que precisamente encarnan los más puros sentimientos y anhelos de la humanidad, haciendo que el amor, la verdad, la fe, la fantasía, inclusive el dolor y el sufrimiento, se expresen de formas únicas en los corazones de las personas.


Se pueden decir tantas cosas de este maravilloso trabajo, como la incomparable experiencia de pisar un escenario con individuos tan increíbles, cuyas voces e interpretación nos hacen viajar por posibilidades tan vivas donde la ficción se vuelve un suceso eterno.


El poder experimentar un arte tan magnífico me produce una sensación satisfactoria, donde no sólo existe el encuentro de uno mismo, sino también la búsqueda y la construcción de una conciencia más elevada en cuanto a todo lo que eres y todo lo que te rodea.


Existen tantas anécdotas que este breve espacio no me permitiría narrar a plenitud, pero el trabajo permite el ser testigo de momentos tan extraordinarios, cuando el personaje cobra vida por primera vez dentro de una escena y éste crece en tantas formas posibles, con conciencias tan diferentes. De pequeño mis primeros ídolos fueron héroes con los que pude compartir pequeños instantes a la luz de una pantalla televisiva, y ahora me alegra el poder expresar que esos mismos ideales, emociones y virtudes se han manifestado en héroes de carne y hueso al momento de actuar.


El formidable desempeño en cuanto a dirección, producción, y diseño de arte (del cual estamos contemplando sus notables creaciones) se conjuntan en la formación de esta gran puesta en escena con sus respectivas y únicas actuaciones destacables. Aquello ha provocado que la historia evolucione en muchos niveles, ganándose a pulso un merecido lugar entre las piezas magistrales dentro de la misma mitología de Orchestra.


Magia, pasión, amor, sueño y vida…así inició mi camino, mi aventura, mi llamado, y ha sido una cruzada de constante aprendizaje, de derrotas y victorias, las cuales me han preparado para un propósito mayor. El teatro me ha permitido la libertad de vivir, y nuestra reciente historia posee la grandiosa cualidad de provocar el mismo sentimiento cuando llega al corazón del público, hacerlos experimentar esa liberación y concebir más posibilidades. Todas las historias  de Orchestra se dirigen a ese mismo acorde: yo soy el director de mi propia vida.


Es una alegría indescriptible el poder expresarme de tan maravillosa historia, y lo es aún más el agradecimiento de mi corazón por formar parte de la misma. Aún hay mucho por decir, y dejaré que sean las acciones dentro del escenario los nuevos discursos que quiero decir al universo entero. En el horizonte contemplo una próxima temporada, y mis rezos van dirigidos a la luna para hacer de ésta una experiencia inolvidable para todas aquellas almas, artistas, buscadores y enfermos de amor que tengan el deseo de explorar nuevos mundos.


Hasta nuestro próximo encuentro, que los sueños vivan, que las historias crezcan, y que el amor haga vibrar nuestros corazones hasta las estrellas. Así la vida teatral…

Así mi vida.

Maximilian de Zalce.


Si desean conocernos más a fondo, he aquí este magnífico documental.



Todas las imágenes mostradas no me pertenecen de ningún modo.
Todas son propiedad de la compañía Orchtestra.
Su utilización es por motivos de enseñanza.
Gracias por la debida atención.

El hombre en busca de Dios.


“Durante los miles de años de la historia humana, el hombre ha buscado a Dios por muchas sendas. El resultado ha sido la gran diversidad de expresión religiosa que vemos por todo el mundo: la variedad ilimitada del hinduismo, el monoteísmo que profesan judíos, musulmanes y la cristiandad, y las filosofías orientales del sintoísmo, el taoísmo, el budismo y el confucianismo. En otras regiones la humanidad ha recurrido al animismo, la magia, las prácticas espiritistas y el chamanismo. ¿Ha tenido éxito el hombre al buscar así a Dios? Prescindiendo de los orígenes religiosos de usted, mediante este libro lo invitamos a unirse a esta fascinante búsqueda del Dios verdadero”

Los publicadores.
Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania.

La religión es un tema de índole universal, ampliamente abordado desde millones de perspectivas a lo largo de la historia, en varios campos del conocimiento humano tales como el arte, la ciencia, y la filosofía. La primera vez que me topé con este destacable texto fue al culminar uno de mis propios ensayos con el título El inicio del ser: los misterios de la imaginación, con lo que vino el despertar de nuevas dudas. El libro, a muy grandes rasgos, consta de una recopilación, magnífica a mi parecer, sobre los orígenes de las distintas religiones que han existido a través del tiempo, dirigiéndonos a la evidencia del Dios Jehová. Las grandes incógnitas de la humanidad son los propios desafíos del futuro ser humano, y por ello, abordaré este tema desde una perspectiva humilde. En anteriores ensayos he referido mi crianza católica, aunque la flexibilidad y el amor materno me han permitido forjarme un juicio distinto y una exploración alocada por universos imposibles, de modo que denotaré el máximo respeto a mis próximas verborreas.

“¿Qué indica esta gran variedad de devoción religiosa por todo el mundo? Que por milenios la humanidad ha experimentado una necesidad y anhelo espiritual. El hombre ha vivido con sus dificultades y cargas, sus dudas y preguntas, entre ellas el enigma de la muerte. Los sentimientos religiosos se han expresado de muchas diferentes maneras cuando la gente ha acudido a Dios o a sus dioses en busca de bendiciones y consuelo. La religión también trata de contestar las importantes preguntas: ¿Por qué existe el hombre? ¿Cómo debemos vivir? ¿Qué encierra el futuro para la humanidad”.

Este fue el primer fragmento del libro que me asombró, pues en él contemplé los indicios de este ideal extraordinario tan referido en mis historias. Desde el comienzo del ser, nuestro proceso interpretativo ha dado forma a nuestro entorno, así como nos ha dotado del lenguaje y la reflexión. De esa forma nuestra vida ha avanzado, y hemos podido conquistar grandes misterios como nuestra capacidad de fabricar y destruir. Sin embargo, por más terreno que encontramos, siempre nos hallamos frente a un horizonte inhóspito y desconocido, un espacio que aunque nos provoca miedo, también una inmensa curiosidad. La religión es uno de esos tantos caminos que obedece a esta búsqueda de lo inexplicable.
Los matices de la divinidad han aparecido en nuestra historia con infinitas interpretaciones, y el texto cuestiona reiteradamente su origen citando a varios autores, debido a que desde los comienzos de la investigación científica y la teoría de la evolución humana, se puso en tela de juicio las cualidades místicas de la propia religión.

“[…] Después de años de luchar con esta cuestión, muchos han concluido ahora que no es muy probable que se adelante mucho en resolver la incógnita del comienzo de la religión. Esto se debe, en primer lugar, a que los huesos y restos del pueblo del pasado remoto no nos dicen cómo pensaba aquella gente, ni lo que temía ni porqué adoraba[…]”.
“[…] Debido a todas estas incertidumbres, el libro World Religions-From Ancient History to the Present (Las religiones universales-desde la historia antigua hasta la actualidad) llega a la conclusión de que “el historiador moderno de religiones sabe que es imposible llegar al origen de la religión”. Sin embargo, sobre los esfuerzos de los historiadores este libro dice: “En el pasado, demasiados teóricos buscaron, no solo describir o explicar la religión, sino eliminarla por explicaciones, pues creían que si se mostraba que sus primeras formas se basaban en ilusiones, entonces podrían socavarse las religiones posteriores y superiores […]”.

Es una simplicidad concluir que la religión es solamente un tema hereditario, algo que se inculca a futuras generaciones, porque aún en virtud de sus enseñanzas el ser humano posee esta capacidad de afrontar otros conflictos derivados de su deseo de conocer, y la construcción de sus diferentes anhelos. No hay que cuestionar nunca la práctica de una religión, a no ser que esta se realice de manera mecánica sin significado alguno, lo cual no sólo atenta con toda religión, sino con la propia dignidad del ser humano, pues no imagino algo más terrible que una mente incapaz de ideales, esperanza e imaginación.

“Superficialmente las muchas religiones de hoy día parecen diferir mucho unas de otras. Sin embargo, si las despojamos de las cosas que son sencillamente adornos y añadiduras posteriores, o si les quitamos las distinciones que son el resultado del clima, el idioma, las particularidades de su tierra nativa y otros factores, es sorprendente cuán similares resultan ser la mayoría de ellas”.

Se puede decir que todo se encierra en breves palabras: “creencia”, “fe”, “ilusión”. Todas son creaciones humanas que hemos dado a las figuras incorpóreas de lo desconocido. Si el auténtico origen de las religiones que predominan el mundo fuera tan solo una ilusión de los primeros seres humanos que pisaron la tierra, ¿eso realmente “socavaría” las creencias de muchos? Puede ser, pero a eso, me atrevería a lanzar una pregunta: ¿no es acaso, la ilusión, algo real?
De cierta forma, las ilusiones que tenemos como especie existen, puesto que si fueran irreales, entonces no las tendríamos en lo absoluto, mucho menos dándoles un nombre. Eso pone en tela de juicio el propio concepto de irreal en la vida humana, pero cuando uno surca los terrenos de la divinidad, toda lógica pierde sentido, aunque no quiero decir que esta sea obsoleta, pues es el sustento de nuestros avances, y de ello han surgido maravillas. Únicamente me refiero que hay más cosas por descubrir.

“Una razón para considerar los mitos es que son la base de creencias y ritos que todavía son parte de las religiones de hoy. Por ejemplo, la creencia de un alma inmortal puede rastrearse desde los mitos antiguos asiriobabilónicos y por la mitología egipcia, la griega y la romana hasta la cristiandad, de cuya teología ha llegado a ser parte fundamental. Los mitos evidencian que el hombre de la antigüedad andaba en busca de dioses, así como de significado en la vida”.

La literatura, así como otras artes y disciplinas fueron el organismo central que permitió la creación de numerosas piezas representativas de la inquietud humana ante lo divino. Sostengo la fantástica teoría de que en la tierra existen puntos de concentración donde las fuerzas del universo son más influyentes, y la interpretación del ser dio nombre a esas energías permitiendo la construcción de símbolos y los diferentes campos de conocimiento que exploraron los distantes caminos hacia los reinos superiores. De ahí la mítica anécdota de la Torre de Babel, la puerta de Dios, donde la humanidad quiso encontrar al supremo en las alturas, y éste los castigó con los millones de lenguajes que se hablan hasta la actualidad. Una interesante historia que nos regala el saber de que antes de conquistar los cielos, debemos conquistar la tierra y sus habitantes. ¿Y qué nos deparó esa búsqueda? Sufrimiento, incertidumbre, pero también experiencia y revelación; aquello fue el inicio del regreso a la tierra prometida, a la primera unidad que buscamos a través de tantas maneras, y de ahí, el resto de religiones que surgieron después. Es destacable la íntima simbiosis que guarda la religión con la mitología, puesto que tantas historias de deidades y héroes fueron los cimientos de un prolongado sistema de creencias que sobrevive hasta nuestros días, y anécdotas como el diluvio universal, elegidos mesiánicos, retorno a lo celestial, e inmortalidad del alma son concurrentes en cada cultura.
El libro entonces parte del espiritismo y la magia como fuente de muchas supersticiones, acompañada de algunos campos del saber como la astrología y las matemáticas, que dieron fuerza a su cualidad religiosa.

“[…] ¿Qué fuente u origen tienen todas estas prácticas y supersticiones? ¿Son solo diferentes maneras de acercarse a Dios? Y, más importante aún, ¿qué hacen para los que las siguen? Para la respuesta a estas preguntas tenemos que investigar la historia antigua del hombre y ver cuáles eran sus primeras maneras de adorar […]”.
“[…] Contrario a lo que aleguen los evolucionistas, el ser humano posee una dimensión espiritual que lo distingue de las creaturas inferiores y lo hace superior a ellas. Nace con el impulso de investigar lo desconocido. Siempre está luchando con preguntas como: ¿Qué significado tiene la vida? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Qué posición ocupa el hombre con relación al mundo material y, de hecho, con relación al universo? También lo impulsa el deseo de comunicarse con algo más elevado y poderoso que él mismo para adquirir algún dominio sobre el ambiente y su vida […]”.

A partir de este punto, inician las andanzas del hinduismo, budismo, taoísmo, confucianismo, y el sintoísmo respectivamente, explicando a profundidad sus creencias, términos, fundamentos, deidades, y obras más representativas; de ahí se prosigue al surgimiento del judaísmo, el cristianismo, y el islam, en donde se nos describe ampliamente sus principios, rituales y tradiciones. Sobran los pasajes que fungen como evidencia a esta similitud universal que existe entre cada religión, así como la búsqueda que representa cada una para explicar las más agobiantes incógnitas de la especie humana. Posteriormente se nos menciona una época de incredulidad sobre el tema de Dios en el mundo, y cómo se formaron los primeros testigos debido a su neutralidad cristiana y regreso de las verdades bíblicas.
Podríamos denominar a estos fragmentos como la parte más turbulenta de todo el libro, únicamente por las diferentes confrontaciones de principios que puedan surgir debido a la religión, fe, creencias o ser de cada persona que llegue a leer esta novela. Y más allá de elaborar una crítica, puedo deducir que era algo natural que este libro cerrara con esta certeza, ya que fueron ellos los que realizaron este escrito. Y en realidad, todo iba encaminado a las descripciones cronológicas de su formación y el incremento de su estructura interna.
Aún con todo ello, el libro es interesante debido a su contenido bien detallado, con una prosa flexible y a la vez contundente sobre cada punto que abarca. Al permitirme apreciar el interior de sus páginas pude envolverme en un inicio histórico donde los seres humanos tuvieron las primeras preguntas que les abrieron un largo camino. La humanidad es buscadora por naturaleza, y existen infinitas sendas del saber que nos conducirán a la elevación de lo misterioso. El hombre en busca de Dios, es el testimonio de la aventura más antigua del universo, el llamado de lo desconocido, ¿y qué nos acerca más a lo extraordinario, que la búsqueda de lo imposible?

Maximilian de Zalce.