El
anillo de los nibelungos
LA LEYENDA DE LOS DIOSES Y LA VICTORIA
DE LA PAZ.
Considerada como una de las leyendas más
trascendentales de la literatura universal, El anillo de los nibelungos no es sólo un viaje místico por los
confines del panteón nórdico, sino una alabanza atemporal sobre la
autodestrucción del ser humano por su propia codicia y el heroísmo contundente
del amor en nuestro espíritu.
La versión, quizá, más conocida, como una avasallante
ópera compuesta por cuatro actos, realizada por el compositor alemán Wilhelm
Richard Wagner, obra posteriori basada en el grandioso poema escandinavo El cantar de los nibelungos, cuyo autor
sigue siendo un misterio hasta el día de hoy, aunque cabe mencionar que
diversas fuentes lo relacionan con distintos poetas de la época cuyos trabajos
han sugerido ciertas similitudes con los pasaje de la epopeya.
Para los que no tengan conocimiento de este tema, les
resumo lo esencial: se cuenta la historia del héroe Sigfrido, quien luego de
haber asesinado al temible dragón Fafnir, logra apoderarse de un tesoro
encantado conocido como el oro del Rhin, cuya pieza maestra era el codiciado
anillo de los nibelungos; posteriormente, Sigfrido se baña en la sangre del
monstruo, para aprender así el idioma de las aves y obtener cierta
invulnerabilidad, exceptuando una minúscula parte en su espalda, siendo este un
detalle que lo llevará lentamente a su inevitable destino.
Han
existido muchas versiones acerca de esta magnífica historia, resaltando especialmente
la realizada en el año 2004 escrita y dirigida por Diane Duane, Peter Morwood,
y Uli Edel, cuya premisa está más ligada a su versión original en el Cantar de
los Nibelungos, pero en esta ocasión, profundizaremos en la versión propuesta
por Wagner, El Anillo de los Nibelungos, por el motivo de que ésta conserva
varios elementos fantásticos tan importantes y simbólicos para nuestro
análisis, sin omitir varios detalles que se mantienen y se sugieren de su
origen. Y para apoyarnos aún más, me ayudaré del trabajo de Roy Thomas, Gil
Kane y Jim Woodring, quienes adaptaron al cómic una fantástica versión.
Erda, me
llaman.
Vidente, sabia
en magia, canto el comienzo de las cosas…
Si, y canto su
fin.
Los
nacimientos de dioses y hombres…y su ocaso final, cuando las llamas consuman su
mundo.
Así
reza el inicio de esta primera parte titulada, El Oro del Rin, que
curiosamente, este tema de principios y fines, el cambio y la transición, será
algo recurrente a lo largo del relato. Se inicia con el comienzo de todas las
cosas, el origen de los mares y la tierra, y como la raza de los dioses,
dirigidos por Wotan, en este caso, Odín, luego de sangrientas guerras, lograron
establecer su poderío en los amplios cielos. La presentación de estos
personajes divinos se plantea como en muchas otras de diversas religiones,
resaltando eficazmente esta condición un tanto ingenua sobre su vasto poder, y
la actitud pasional que predomina en la mayoría de sus acciones, pues
presenciamos deidades de condición mortal, en el sentido de que como cualquier
ser humano pueden cometer errores y tomar ciertas líneas de acción que los
llevaría inevitablemente a un terrible castigo.
Conocemos
finalmente a Alberich, un enano de apariencia grotesca, quien se encuentra con
unas ninfas llamadas Las Doncellas del Rin, que custodian el oro del mismo
nombre. Luego de haber sido objeto de sus burlas, Alberich descubre aquel
tesoro, el cual sólo puede ser portado por alguien que renuncie por siempre a
las alegrías del amor, volviéndose el amo absoluto de la tierra. Codicioso por
tan seductor poder, el enano logra robar el oro, fabricando así un anillo que
le permitiría ser el gobernante no sólo de su especie, sino de todas las
creaturas mortales.
Alternativamente,
en los amplios cielos, Odín, contempla su gran obra terminada, una fortaleza
que serviría como morada de los dioses, que se le conocería posteriormente como
el Valhala. Sin embargo, aquel sitio lo construyeron la raza de los gigantes,
comandados por Fasolt y Fafnir, quienes en pago por sus servicios desean a una
de las hijas del dios, la hermosa Freia, quien es la responsable creadora de
unas manzanas que permitían alargar la vida de las divinidades en los cielos.
Tratando
de salir triunfante en el pacto, sin tener que sufrir tan graves consecuencias,
Odín decide ofrecer el Oro del Rin en lugar de la mujer, y por ello descienden
a las profundidades de la tierra donde habitan los enanos, ahora gobernados por
el terrible Alberich. Luego de algunas triquiñuelas, logran hacerse con el
enorme tesoro hecho por los enanos, pero Odín en un arrebato sucumbe a su
codicia queriendo quedárselo para sí, aunque al final debe abandonarlo poco a
poco.
Una
vez en manos de los gigantes, los dioses contemplan que el tesoro posee una
poderosa maldición, infundiéndole una terrible avaricia a quien decida obtener
aunque sea una pequeña parte del mismo. Tan era cierto que el mismo Fafnir,
mató a su hermano, llevándose el tesoro consigo a una cueva. Los dioses parecen
triunfantes por el momento, sin saber que las ruedas del destino comenzaron a
avanzar, precipitándolos a un futuro fin de los tiempos.
La
segunda parte consta sobre una violenta historia de amor y cómo afecta la voluntad
de los dioses a la vida mortal. Todo inicia por un viajero cansado que llega a
pedir cobijo a una casa ajena, donde lo recibe una hermosa mujer llamada
Sieglinde. Cuando llega el esposo de esta última, el viajero cuenta sus
andanzas sobre cómo hace mucho su madre y hermana gemela desaparecieron misteriosamente
dejándolos sólo a él y a su padre, con el que vivió varios años entre las
bestias del bosque.
Al
crecer, poco a poco se fue volviendo diestro en el arte de la lucha, y así lo
cuenta, una vez auxilió a una joven dama, cuyos parientes deseaban casarla con
otro hombre sin haber amor de por medio. Luchó ferozmente por aquella
jovencita, pero por más guerreros que eran derrotados, otros más aparecían, y a
tal punto se desataron las cosas, que el valiente héroe tuvo que huir.
El
esposo de Sieglinde, furioso, menciona que él había llegado tarde a una boda,
encontrando a varios parientes muertos, y que casualmente, se encontraba de
frente con su asesino. Por ello se decretó, que a la mañana siguiente, ellos
lucharían hasta que alguno de los dos cayera muerto sobre la tierra.
Durante
la noche, Sieglinde visita al viajero, explicándole cómo había terminado en esa
situación. Tal como aquella jovencita, la habían casado sin amor, pero durante
las nupcias, un visitante llegó dispuesto a dar un regalo de bodas, una espada
que hundió en un tronco, cuyo único amo sería sólo aquel que despierte su
temple por necesidad. El elegido de tal tarea resultó ser aquel viajero, quien
Sieglinde bautizó como Siegmund, reconociéndose entre sí como amantes y
hermanos.
La
voluntad de Odín mandaba a llamar a las Valkirias, sus mejores guerreras, para
favorecer a Siegmund en su próxima batalla, pero su esposa Fricka, quien
custodiaba todo matrimonio, veía en la unión de dichos amantes una blasfemia
que debía ser castigada. Brunilda, la mejor guerrera de su padre, se le ordena
abandonar a Siegmund en su hora más obscura, pero llegado el momento, ella
desobedece, provocando así un cambio en la historia.
Odín,
por su lado, hace que asesinen a Siegmund, mientras Brunilda trata de llevarse
lejos a Sieglinde, quien llevaba en sus entrañas a un retoño, cuyo destino
sería impedir el ocaso de los dioses. De cualquier forma, la Valquiria es
castigada, siéndole arrebatada toda divinidad, con el decreto que sólo el mayor
de los héroes, aquel sin temor en su corazón, la tomaría como suya; y hasta que
ese día llegase, descansaría en profundo sueño, siendo rodeada por un círculo
llameante en los confines de la tierra.
Finalmente
conocemos a Sigfrido, un joven poseedor de una gran fuerza, aspecto agraciado y
enorme vanidad, quien desde pequeño ha sido cuidado por el enano Mime, hermano
de Alberich. Desde su niñez, Sigfrido se muestra ansioso por aventuras y
desafíos, queriendo lograrlo con una espada que sea digna de su poder, pero
todas las hechas por el enano se destruyen cuando el joven intenta blandirlas.
El
viejo Odín, tratando de vencer al destino, visita al enano Mime, y a través de
algunas preguntas, le responde cómo se forjaría el arma perfecta para el
guerrero destinado a cumplir grandes hazañas. Para ello, el enano se propone a
enseñarle lo que es el miedo a Sigfrido, pues él desconocía tal sensación; de
ahí surge la sugerencia de llevarlo a la cueva de Fafnir, el gigante que
custodia un gran tesoro en forma de dragón. Sigfrido, sin querer perder más
tiempo, decide él mismo forjar su propia arma, la cual bautiza Needful, Espada
de Conquista.
Dueño
de un arma invencible, se dirige a su enfrentamiento con el dragón, quien luego
de una amarga batalla, logra vencer para bañarse en su sangre, aprendiendo así
el idioma de los pájaros, y provocando que su piel fuera invulnerable ante las
armas comunes. Habiendo ganado tales hazañas, le pregunta a una de las aves si
en la tierra no existirá un ser que le acompañe por el resto de sus días, a lo
que le hacen saber sobre Brunilda, rodeada por un círculo de fuego, quien sólo
alguien de gran bravura podría atravesar para conquistar su corazón.
De
esa forma, Sigfrido, al encontrarse con la hermosa Valquiria, conoce por
primera vez el temor, pues era la primera vez que se encontraba con una mujer
tan divina. Al final, la despierta con un beso, enamorándose a primera vista el
uno del otro, jurándose el más profundo de los amores.
Aún
viviendo aventuras por el mundo, la fama de Sigfrido llega al reino de los
Gibijungos, cuyo consejero, Lord Hagen, el hijo nacido en ira del terrible
Alberich, convence al rey Gunter de que la presencia del héroe traería renombre
a su estirpe. También, con el objetivo de mantenerlo unido a la casa real, se
hace una poción de olvido para Sigfrido, que al beberla olvida todo recuerdo
sobre su gran amor Brunilda, haciendo que sus sentimientos sean dirigidos hacia
la hermana del rey Gunter, Krimilda.
Luego
de algunas triquiñuelas, Sigfrido se hace pasar por el rey para tomar como
esposa a Brunilda, quien cae en profunda tristeza al contemplar a su hombre
entregado a otra mujer. Pero esa tristeza se vuelve rabia, misma que Lord Hagen
aprovechará para limpiar el nombre de aquellos que han sido supuestamente
engañados, con la misma sangre del héroe Sigfrido.
Aprovechando
una tarde de cacería, Hagen aprovecha para atacar al guerrero en la única parte
vulnerable de su ser, ofreciéndole una muerte rápida y bestial. Pero Brunilda,
sabiendo que dicha tragedia ocurrió por las manipulaciones de Hagen, decide
sepultar a Sigfrido con honores, ofreciéndose a sí misma a las llamas que
consumieron a su único amado. De esa forma, los viejos dioses morirían con
ellos, ofreciendo el final de una época, y el nacimiento de una nueva era.
Erda, me
llaman.
Vidente, sabia
en magia.
Canto el
principio de las cosas…
Si, y canto su
fin.
Los
nacimientos de dioses y hombres…y su ocaso, cuando las llamas consuman todo.
Entonces el
gran río desbordará sus riberas, y el torrente cubrirá el fuego. Y ahí
aparecerán las hijas del Rin, en el lugar donde las hirvientes olas ahoguen el
fuego y el anillo.
Desde ese día
hasta el distante fin de los tiempos, el Anillo del Nibelungo residirá en el
lugar adecuado, en el fondo del río del Rin.
Y cuando al
fin las aguas se retiren a su lecho natural, se verá un creciente resplandor de
fuego en los cielos, y los que tengan ojos para ver serán testigos de lejos…del
Ocaso de los Dioses.
El Anillo de los Nibelungos es una historia
apasionante, que no sólo trata sobre la codicia y el deseo del hombre, también
es una alabanza sobre el amor verdadero y los cambios del mundo. En el Cantar
de los Nibelungos se trata con mayor profundidad esta temática sobre la
transición de las deidades nórdicas a la fe del cristianismo, pues en historias
ya mencionadas como lo son Lady Death y
Spawn, se menciona en algún momento
como los viejos poderes, los dioses antiguos luchan contra los nuevos dioses
que quieren hacerse con el control total, pues en el mundo siempre han existido
estas transiciones de una cultura a otra, de una religión a otra, supongo por
esta noción de lo indecible, y la interminable búsqueda de lo extraordinario. Y
algunas veces, estos cambios provocan cierta discordia entre los fieles, pues
siempre existe alguien que busca beneficiarse de un lado o del otro. De ahí que
una de mis frases favoritas en la obra de Wagner la cite Brunilda en el mismo
final de la historia:
“¡Raza
poderosa de los hombres! ¡Vida en flor, que veréis a Sigfrido y a Brunilda
consumidos por las llamas y devuelto el anillo al Rhin! ¡Mirad hacia el norte!
¡En la oscuridad de la noche veréis brillar en el cielo un resplandor vivísimo;
es un incendio de llamas aterradoras que no olvidaréis jamás! ¡Es el ocaso de
los dioses, el fin del Walhalla que se desploma bajo la llama del fresno del
mundo! Quedareis sin dioses y sin dominadores. Pero en cambio yo os daré el tesoro
más sublime de mi ciencia divina; he aprendido a saber que la felicidad no consiste
ni en la posesión del oro, ni en los bienes, ni en la pompa y el poderío; ni en
los lazos que atan pactos traidores ni en las costumbres hipócritas. En la
alegría como en el dolor no hay más que una sola fuente de felicidad para cl
hombre: el amor. ¡Sólo el amor nos da la verdadera vida y la eternidad!”
Y aquello, más que la comprensión de determinados
simbolismos que la tetralogía nos regala, me deja con muchas incógnitas sobre
las posibilidades de Sigfrido, pues me da la sensación de que el tesoro era
sencillamente un obstáculo que no pudo superar. Evidentemente la discordia
puede verse en un inicio no solamente en Alberich, quien renuncia al amor para
hacerse con el poder, sino que también se ve en dioses y hombres, pero en Sigfrido,
más que codicia se le nota una gran ingenuidad, que viene a raíz de su propia
vanidad. El exceso de los dones que recibe le hacen más vulnerable a cada
momento contra las artimañas de sus enemigos, tan así que sólo una pócima le
hizo olvidar al amor de su vida. ¿Qué hubiera pasado si Sigfrido se volvía
completamente invulnerable?, ¿qué hubiera pasado si renuncia al tesoro del
Nibelungo?, ¿y si Sigfrido y Brunilda hubiera tenido estirpe?, ¿qué destino les
hubiera deparado? Esas son las preguntas con las que me quedo, y que muchos
deberían hacerse, pues serán estas dudas el camino redentor de nuestro mundo,
el viaje que hará brillar nuevas posibilidades en esta nueva era.
Maximilian
de Zalce.
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